Un ecosistema de sombras y refugios naturales.
El crecimiento progresivo de las algas incrustantes favorece la aparición de pequeñas grietas en las rocas, creando un hábitat adecuado para numerosos peces e invertebrados marinos.
Además, la erosión del agua da lugar a túneles y galerías submarinas, conocidas como cuevas submarinas, que configuran un paisaje singular y de baja densidad de organismos.
En las cuevas submarinas, la escasez de luz impide el desarrollo de la vida vegetal. A medida que se avanza hacia el interior, la fauna que recubre las paredes disminuye progresivamente hasta casi desaparecer.
Otros factores ambientales, como el oxígeno, la temperatura y los nutrientes, también son más limitados en el interior de estas cavidades, lo que condiciona la presencia de vida marina.
En los túneles submarinos, la presencia de corrientes marinas facilita la renovación del agua. Gracias a ello, las paredes albergan una fauna más rica, formada principalmente por invertebrados filtradores.
Un fenómeno similar ocurre en grietas, donde, pese a no estar completamente cerrados, la luz es escasa. Estos espacios se convierten en refugios ideales para numerosas especies.
Algunas especies utilizan las cuevas y grietas como refugio, como el congrio; otras las convierten en su hábitat preferente, como las langostas.